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Muchos son los compromisos que tengo adquiridos y bastantes de ellos con plazo determinado de ejecución, tampoco son escasos los trabajos iniciales y que por falta de tiempo los voy demorando día tras día, por lo que en principio no pensaba colaborar en la revista de la presente feria, pero si siempre me cuesta reparo negarme a lo que se me solicita, se dicha petición puede contribuir al mayor esplendor de la fiestas de nuestra Patrona, desde luego que no voy a inhibirme por muchos trabajos que tenga en la carpeta de mis proyectos.
Me complacería en grado sumo que este trabajo se pudiera referir a la Hermandad de la Virgen del Carmen, pero como quiera que dicha cofradía no posea actas fundacionales, ni libros de reglas, ni cuadernos de contaduría, ni nóminas de hermanos, es por lo que puedo investigar sobre ella. Esta es la circunstancia que me obliga a estudiar cualquier otro tema, pero siempre selecciono trabajos de investigación y que hayan explícita referencia a al historia, a la cultura o a las costumbres de Palenciana.
En este caso, el tema en cuestión se centra en un documento que se halla en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba, en la sección de Estudios Agronómicos, en él Legajo n9 109. En dicho escrito se refleja un informe expedido por una comisión que evalúa los efectos que sufren los vecinos de Palenciana a causa de la pertinaz sequía habida en el año 1905. La referida ponencia detalla en diez puntos la desastrosa situación en la que se encuentra la villa, debido a la ausencia de lluvias en aquel año agrícola, apartados o puntos que a continuación reflejamos:
1º La sequía es la causa de que sufra hambre la clase obrera de la localidad.
2º El término municipal se extiende sobre 1.560 hectáreas, de las que 1260 están dedicadas al olivar y el resto a tierra calma.
3º Durante este año se han dejado de realizar la mayoría de las labores agrícolas, debido a la falta de humedad en el terreno.
4º El número de obreros que debían haberse empleado para las labores de la tierras de sembranza, hubiera alcanzado los 427 y 299 jornaleros para el olivar.
5º El Jornal de los obreros agrícolas es de 2,50 ptas. para las faenas de verano, y 1,25 ptas. para las labores del resto del año.
6º En Palenciana hay 726 hombres jornaleros y 413 jornaleras.
7º El importe de los auxilios recibidos en esta localidad de parte de las diferentes instituciones asciende a 22.000 ptas.
8º Con este socorro no se ha podido conjugar el conflicto social y humano que se padece, y se considera que la situación es totalmente insostenible si los poderes públicos no envían nuevos auxilios.
9º En la cosecha correspondiente a esta campaña agrícola se han recolectado 9.200 kilos de trigo y 8184 de cebada, por lo que se puede calificar como una cosecha totalmente nula.
10º Es imposible determinar el número de labradores de esta vecindad que están totalmente arruinados, pero se puede afirmar que la mayor parte de ellos se encuentran en una situación apuradísima, ya que no tienen dinero para poder seguir labrando.
El presente informe lo firman los miembros de la comisión, José Carreira (Gallardo), Juan Manuel Hurtado y Francisco Velasco, dando fe del acta José Guerrero Cívico, a la sazón, Secretario del Ayuntamiento. Estas conclusiones fueron plenamente ratificadas por la Corporación Municipal.
Ante la transcripción casi literal del documento, consideramos conveniente y oportuno esbozar un romero comentario para que se pueda comprender un poco mejor la dramática situación que se vivió hace 99 años.
En primer lugar, queremos dejar constancia de que este interesante documento está magníficamente redactado, gozando de una señalada claridad expositiva y de una magnífica estructuración sintáctica. Ateniéndonos al contenido del mismo, entendemos que aquel gravísimo trance es de difícil comprensión por parte de los jóvenes de hoy día, ya que ellos han sufrido las consecuencias que provoca un año meteorológico que no alcanza los niveles mínimos usuales de lluvia por la escasez de la disponibilidad de agua para la ingesta, para la industria, para el riego o para el turismo, pero dicha sequía no produce la escasez o la carencia de los alimentos, ya que el actual comercio internacional abastece las necesidades de cualquier población a precios bastante competitivos. En las fechas a que nos estamos refiriendo, el comercio a escala mundial de productos agrarios era prácticamente inexistente, por lo menos en lo que respecta a nuestro país, y un año de buena cosecha apenas cubría las necesidades de la población, por ello, en cuanto la recolección se presentaba escasa o los frutos cosechados eran nulos, se extendía la hambruna por doquier y aparecían como una maldición bíblica el fantasma de las temidas epidemias.
Por aquellos años la base de la dieta regional la integraba esencialmente los cereales y las leguminosas. El treinta por ciento de la ingesta humana se basaba en el pan de trigo, y cada noche se cenaba olla o potaje de garbanzos y habichuelas. La cebada constituía el alimento imprescindible de los animales domésticos que proporcionaban la poca carne, los escasos huevos y la limitada leche que se ingería. Este cereal también era básico en el alimento de los animales que ayudaban en las labores agrícolas. No podemos olvidar que otro elemento esencial de la dieta mediterránea lo constituía el aceite de oliva, pero este informe sólo se ocupa de los productos propios del verano, pero con la escasez de lluvia, la cosecha de aceitunas también habría sido, si no nula, en todo caso, casi nula.
En el mismo legajo al que hemos hecho referencia hay otro informe que notifica que en esta comarca y en una cosecha normal, una fanega de tierra produce por término medio unos 1.012 kilos de trigo, y la misma superficie daba 1.221 kilos de cebada. Hechas las correspondientes equivalencias, las 508 fanegas de sembraduría de Palenciana tenían que haber producido 257.048 kilos de trigo y 310.130 kilos de cebada, cantidades muy superiores a las que se obtuvieron en aquella campaña cerealista, lo que les otorga a los redactores de la susodicha ponencia fundamentos más que suficientes para considerar nula la cosecha de 1905.
Para tener una visión más detallada y global al mismo tiempo, acudiremos a los estudios socioeconómicos referidos a dicha época, y las estadísticas que nos ofrece la "historia de España", de Ramón Menéndez Pidal, observamos que en el primer quinquenio de la pasada centuria, España producía 154 kilos de trigo por habitante y consumía 147 kilos por persona, lo que daba 7 kilos de reserva, cantidad claramente insuficiente para afrontar una mala cosecha.
En cuanto a la situación monetaria propiamente dicha, al panorama no era más halagüeño. El presupuesto para un matrimonio con dos hijos y para cubrir las necesidades mínimas vitales, ascendía a 1,73 ptas. diarias; el jornal se computaba en 1,66 ptas. al día, al que había que deducirle 90 días de paro estacional y forzoso al año. Lo que faltaba para cubrir el presupuesto se compensaba con el trabajo de la esposa, de los hijos, con la rebusca de los productos dejados atrás en la recolección y con las actividades económicas meramente primarias, como la recogida de espárragos, de alcaparrones, la cacería y la pesca.
Llegados a este punto aclararemos que la fanega es una medida de capacidad de áridos, equivale a 55 litros y medio. La fanega de trigo pesa 46 kilos, y la de cebada 33 kilos. La fanega como medida superficial es la extensión de tierra sobre la que se puede sembrar una fanega de trigo; la fanega superficial tiene diferentes medidas, según las comarcas o localidades, siendo de 6.440 m2 la utilizada en Palenciana.
Este documento, además de informarnos de la argumentación principal, relacionada con las calamitosas consecuencias de la sequía de 1905, también nos ¡lustra sobre otros aspectos acerca de los primeros años de la pasada centuria, y que como datos interesantes, pasamos a reflejarlos:
a) Al término jurisdiccional de Palenciana le conceden 1.552 hectáreas, cuando su superficie se extiende por 1.613 has. Al olivar le calculan 1.244 y al cereal 327 has. En esta apreciación vemos claramente un error de cálculo, ya que la suma de los cultivos mencionados sobrepasa la extensión total del término, a pesar de no haberse tenido en cuenta la superficie dedicada a leguminosas, viñas, terrenos improductivos, ni la extensión ocupada por los ríos ni por zona urbana, si dichas apreciaciones son consecuencia de un error, como se ha dicho anteriormente o si tal vez, en los olivos y cereales también computaron las propiedades de los vecinos de la localidad que se ubicaban en otros términos municipales.
b) Observamos que el número de obreros que se podían haber empleado en la sembraduría era superior a la cantidad que se dedicarían al olivar. Hoy en día, esta circunstancia nos parece extraña, pero debemos considerar que por aquellos fechas había mucha más superficie dedicada al cereal que la que hay en la actualidad, y que, sobre todo, las sembraduría necesitaba escardarla, segarla y trillarla manualmente, lo que precisaba bastante mano de obra, y por ello, muchos jornales.
c) Nos informa del número de jornaleros, especificando su cantidad por sexos, así como del importe del salario, donde advertimos el fuerte incremento del jornal del verano, ya que se trataba de la siega, la faena más dura realizada por los jornaleros.
d) Las 22.000 ptas. recibidas en calidad de auxilio o socorro, nos pueden parecer, en el primer quinquenio del siglo XXI, una cantidad más que pequeña, un tanto ridícula, pero si dicho importe lo transformamos en peonadas de la época, comprobaremos que con dicha cantidad se pagaban nada menos que 13.253 jornales.
e) En este informe no se han podido olvidar, lógicamente, de los pequeños propietarios agrícolas, los entrañables pelentrines, quienes formaban una sólida y tupida urdimbre en la sociedad rural de Palenciana, y que a pesar de su continuado esfuerzo en tiempos normales, apenas les quedaban recursos para subsistir de un año para otro, y en tiempo de sequía además de no recoger frutos, tenían que seguir manteniendo los gastos mínimos y fijos de una casa de labor.
Con este artículo pretendo complacer la solicitud que, en nombre de sus compañeros, los Hermanos Mayores del 2004, me hizo mi sobrina Felisa García, y además intento contribuir, modestamente, al éxito que tradicionalmente tiene esta publicación entre sus muchos lectores.
Miguel García Hurtado