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PREHISTORIA - EDAD MEDIA - EDAD MODERNA - EDAD CONTEMPORÁNEA CERRO DE LOS TOROS - ELECCIONES - ETIMOLOGÍA - ABASTECIMIENTO AGUA - SEQUÍA |
El extremo suroeste de la provincia de Córdoba (Benamejí, Encinas Reales, Palenciana...) no ha gozado de una investigación muy intensa en lo que a Prehistoria se refiere, lo cual queda reflejado en la escasez de datos sobre dicha zona. Por este motivo, aquí sólo podemos hacer referencia a un yacimiento: el Cerro de los Toros.
Como resulta relativamente frecuente en nuestra provincia, muchos de los recintos fortificados de época ibérica suelen asentarse sobre anteriores poblados del comienzo de la Edad de los Metales. Y el Cerro de los Toros de Palenciana no es la excepción.
De este yacimiento proceden algunos molinos de mano, del tipo barquiforme, elípticos, con una superficie cóncava y otra convexa, un posible yunque de piedra, para el trabajo del sílex, y fragmentos cerámicos. Estos pertenecen por lo general a grandes vasos, y algunos de ellos tienen carena o perfil anguloso, por lo que en alguna ocasión han sido calificados como argáricos; pero sus formas y pastas corresponden más a un Calcolítico avanzado que al Bronce Pleno. De todos modos, la muestra es demasiado escasa para afinar más la propuesta cronológica de los materiales.
El territorio de Palenciana, cuya actual población surgirá en época moderna, formó parte durante la Edad Media del término de Benamejí. Si en la época musulmana perteneció a la Cora de Rayya (Málaga) y, después de la caída del Califato, al reino de los Banu Ziri de Granada, en los siglos bajomedievales -aunque fue incorporado inicialmente por Fernando III a dominio cristiano y donado por Alfonso X a la orden militar de Santiago- quedó dentro de la frontera de Granada, por lo que se verá envuelto en todos los cambios que afectaron a ésta hasta que se conquistó Antequera en 1410. Posteriormente, al restablecerse toda esta zona a la orden de Santiago, quedaría vinculado a la misma durante el resto del siglo XV, compartiendo con Benamejí todos los avatares históricos de esta centuria.
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| Reflejándose sobre el Río Genil se aprecia al fondo la silueta del Cerro de los Toros, el más antiguo asentamiento humano del término. |
Durante la Edad Moderna Palenciana se mantuvo indisolublemente unida a Benamejí, por lo que el proceso histórico de una y otra es paralelo. Sin embargo, desde el siglo XVI Palenciana tiene en la documentación entidad propia, aspecto que se debe destacar.
A raíz de la resolución real de desmembrar el donadío de Benamejí de la orden militar de Santiago, en 1547, se envió a la zona a Juan de León con el fin de que realizara una evaluación sobre el término que permitiera fijar la indemnización a pagar a dicha orden. En el informe se recoge el tipo de explotación que la orden realizaba sobre Palenciana; este documento es el primero en el cual se recoge el término específicamente.
Del informe se desprende que Palenciana en la primera mitad del siglo XVI (1526, 1529, 1542-1547) tenía 600 fanegas de tierra roturada, en la que se sembraba trigo y centeno, y el resto, unas 300, dedicado a pasto, bellota y esparto. El sistema de explotación se realizaba por medio de arrendamiento, generalmente a vecinos de Antequera.
En 1547 aún no estaba levantado el actual pueblo, si bien ya se habla de “un cortijo" en el término de Palenciana posiblemente ubicado en el lugar de la población actual. Fue a partir de la compra del señorío de Benamejí por Diego de Bernuy cuando se levantan casas en torno al primitivo cortijo, siguiendo el modelo de las de Benamejí, aunque no se construyen en gran número, puesto que en 1752, en el Catastro de Ensenada, el núcleo urbano no estaba aún configurado.
Es también a partir de mediados del siglo XVI, tras la adquisición por Diego de Bernuy, cuando el término empieza a ser habitado con una población estable, de la que había carecido durante la época de pertenencia a la orden de Santiago, en que sólo era habitado por temporeros que arrendaban las tierras para su explotación.
En Palenciana tienen reflejo todos los acontecimientos que se suceden en Benamejí durante los siglos XVII y XVIII, de manera que actúa como caja de resonancia en los movimientos que se desarrollan en torno a conflictos sobre la jurisdicción eclesiástica entre el señor y el convento de San Marcos de León, y finalmente, reivindica sus propios cargos concejiles y su propia jurisdicción, que no logra hasta la segregación del término en el siglo XIX, inserta en los nuevos aires que se respiran en España a raíz de la Constitución de Cádiz y en la lucha entablada desde el siglo XVIII por la abolición del régimen señorial.
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| Hasta 1834 no logró Palenciana su segregación administrativa de Benamejí, que puso fin a las rivalidades que la dependencia creaba entre ambas poblaciones. |
Todos los periodos iniciales del liberalismo español coincidieron con intentos de emancipación de Palenciana de su vecina Benamejí. Tanto en 1812 como en 1820, y ya definitivamente en 1834, esta población logró consolidar una situación administrativa largo tiempo anhelada, habida cuenta de las rivalidades permanentes que la dependencia creaba en el ánimo de sus habitantes. Una de las arbitrariedades que más enojaron las conciencias populares ocurrió en 1834, al negarse el Ayuntamiento de Benamejí a repartir proporcionalmente con Palenciana los fondos recibidos del Gobierno para atemperar la calamitosa situación generada por la epidemia de cólera y la crisis de subsistencia consiguiente.
La consecución de la emancipación definitiva quizá explique la constante lealtad de la villa de Palenciana al régimen liberal. Sólo a fines del siglo nuevas ideologías como la republicana tomarán carta de naturaleza con la creación, verbigracia, del Casino Republicano en 1893.
Por otro lado, su estratégica situación geográfica, próxima a las comunicaciones terrestres entre Córdoba y Málaga, permitió que en su economía, intensamente agrarizada, atisbasen, ya desde el XIX, actividades relacionadas con el comercio.
De igual manera, la proximidad de las Sierras Subbéticas facilitó que la población se constituyera, hasta mediados del siglo XIX, en un auténtico foco endémico de bandolerismo y contrabando.
Palenciana quedó adherida territorialmente a la zona nacional desde el mismo 18 de julio de 1936, como en general ocurrió en los demás pueblos de su entorno próximo al iniciarse la Guerra Civil.