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A orillas del Guadalquivir, y al pie de Sierra Morena
se encuentra Córdoba, mezcla de culturas, tradiciones
y leyendas. La ciudad fue fundada en el año 152
a.C., por Claudio Marcelo, convirtiéndose en la
capital del mundo en el año 929 d.C., bajo el
califato independiente de Abderramán III. La provincia
de Córdoba tiene una extensión de 13.718
km. cuadrados y una población de 754.452 habitantes.
ALCÁZAR
DE LOS REYES CRISTIANOS
Esta
construcción militar de estilo gótico mandada
construir por Alfonso XI sirvió de residencia
a los Reyes Católicos durante casi ocho años,
durante el período de la Reconquista. Aquí
fue donde Cristóbal Colón se entrevistó
con los monarcas y obtuvo su permiso para emprender el
viaje a las Indias. Bajo el Salón de los Mosaicos
se conservan los baños reales, de tradición
califal. Sus elegantes jardines e interiores, de valor
incalculable, resultan magníficos, con mosaicos
de la época romana y un sarcófago del siglo
tercero. Ofrece una excelente vista al Puente Romano
que cruza el Río Guadalquivir. Custodiada por
torres con alojamientos cubiertos con arcos de medio
punto, como la Torre del Honor o la Torre de
los Leones, que apunta al jardín de los Santos
Mártires.
Calle Caballerizas Reales, s/n

MEZQUITA DE CÓRDOBA
Cuenta la tradición que Abderramán I, sintiendo nostalgia de
las mezquitas de Damasco, ordenó la construcción de este templo
en el año 785. Nueve siglos ocuparon las obras de construcción y
reforma de los 23.400 metros cuadrados que ocupa la actual mezquita
y que guarda en su interior cerca de medio millar de columnas y arcos superpuestos.
La mezquita está considerada como una de las más hermosas manifestaciones
del arte califal. En el conjunto puede detectarse la superposición de distintos
estilos e influencias: bizantinas y medioorientales, visigóticas e hispanorromanas.
La Puerta del Perdón, con decoración mudéjar; la Puerta
de las Palmas, plateresca; el Patio de los Naranjos; la cúpula
octogonal central, decorada con mosaicos policromos; el mihrab que, curiosamente,
no está orientado hacia la Meca. En 1236 la mezquita fue convertida en
catedral y, a partir de entonces se fueron añadiendo al conjunto capillas
y diversos elementos decorativos relacionados con el culto católico. Fue
en 1523 cuando la presión eclesiástica consiguió autorización
para realizar una gran reforma, que iba a culminar con la construcción
de una catedral, en el mismo corazón de la mezquita árabe, entre
la parte mandada levantar por Abderramán II y la de tiempos de Almanzor.
Calle Torrijos,10


MEDINA
AZAHARA
Resulta increíble que los restos de la ciudad palatina de Madinat alZahra,
una de las joyas del legado omega en Córdoba junto a la mezquita de la
capital, fuesen olvidados durante siglos e incluso empleados como cantera de materiales
de construcción. En las faldas del monte conocido por los árabes
como Yebel al-Arus o monte de la Novia, se encuentran los vestigios de
aquella ciudad mandada levantar en el año 936 por Abderramán III,
quien se había autoproclamado califa. La primera piedra fue colocada el
día y hora señalada por los astrólogos como los más
propicios para el futuro de la nueva ciudad. Madinat alZahra fue diseñada
como sede del gobierno y residencia de la corte califal. Todo el conjunto estaba
rodeado por unas murallas "tan blancas que un poeta musulmán las compara
a una muchacha desnuda entre los brazos de un etíope". Diariamente
se empleaban en la obra seis mil sillares de piedra labrada, transportados por
mil cuatrocientos mulos y cuatrocientos camellos. Estos datos proporcionan una
idea de la magnitud de la construcción, que llegó a contar con 4.316
columnas. La disposición de la ciudad era en tres terrazas pendientes.
La superior estaba ocupada por las dependencias del califa y de su séquito.
En la media se concentraban los edificios relacionados con la administración,
como la Casa de los Visires, el Pórtico Oriental, la gran
explanada y el Salón Rico, uno de los espacios más sobresalientes
del conjunto, tanto por su arquitectura como por su significado simbólico.
Extramuros, en la última terraza, un millar de hombres levantaron en tan
sólo 48 días una mezquita. Al pasear por el recinto será
imposible no recordar el esplendor y fasto de aquella ciudad, protegida por un
cuerpo de guardia palatina de unos 12.000 soldados; las quince mil puertas de
hierro y bronce, la belleza de sus jardines o la animación de sus mercados.
Sin embargo, Madinat al-Zahra no (legó a cumplir los tres cuartos de siglo
de existencia. El 10 , de noviembre de 1010 fue asaltada por los bereberes. En
cuatro años estrictos la mayor ciudad de Occidente fue derribada por lo
que el poeta Ibn Suhayd llama el viento de la adversidad: inundaciones, hambre,
peste, incendios; exterminio metódico, guerreros africanos cabalgando por
sus callejones con sables ensangrentados, palacios devastados por multitudes rapaces,
bibliotecas ardiendo entre las risas agradecidas de los fanáticos de la
ignorancia y de la religión. Pero Madinat al-Zahra, por más que
fuese reducida a ruinas, es un perenne recordatorio del esplendor de la época
omeya.
| Carretera de Palma del Río, a 8 km. de Córdoba |
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SINAGOGA
La sinagoga de Córdoba fue construída en
el año 1315. Era el centro de la comunidad judía
de la época medieval y fue utilizada hasta la expulsión
de los judíos. La restauración del edificio
comenzó en el siglo XIX. La entrada a la sinagoga
se realiza a través del umbral de un patio.
A la derecha de la entrada del santuario se encuentra
una alcoba que era el lugar donde la Torah se guardaba
cuando la sinagoga estaba en uso. La sinagoga es bastante
pequeña en comparación a las otras, y se
piensa que es así por las restricciones que las
autoridades cristianas solían a demandar de los
judíos y sus edificios.
El estilo mudéjar se puede ver por el mithrab
en la pared occidental. También el estuco está
decorado con la línea cursiva típica de
los árabes, e incorpora inscripciones hebreas
en su decoración.
Calle de los judíos, s/n

MOLINO
DE LA ALBOLAFIA
Cerca
del puente Romano, aguas abajo, están las antiguas aceñas o molinos
harineros. Los más interesantes son los llamados de Enmedio y de Kulaib,
más conocido, este último, por La Albolafia. Al molino de San Antonio
lo hemos conocido funcionando hasta hace pocos años; los demás están
en ruinas como consecuencia del abandono y de las avenidas del Guadalquivir, que
en muchas ocasiones llegó a cubrirlos. El de Kulaib o Albolafia tiene en
la actualidad una naura o noria, que es la segunda que se le pone, y que muchos
cordobeses hemos visto funcionando simbólicamente. La original se desmontó
por orden de Isabel la Católica, que viviendo en el próximo alcázar
no podía soportar el ruido que producía el artilugio y ordenó
desmontarla. Aquella siqalla o rueda hidráulica la mandó construir
Abd al Rahmán II en el molino de Kulaib, para elevar el agua del río
y conducirla por un ingenioso acueducto hasta el asr al-Umara (Palacio de los
Emires, en la actualidad Palacio Episcopal).

MURALLAS
DE LA CIUDAD
Córdoba
fue en la antigüedad una ciudad totalmente amurallada,
y aunque las modernas construcciones han desbordado con
creces lo que fuera su recinto medieval, aún se
conservan grandes lienzos de murallas que atestiguan
su vieja estructura.
El recinto de Córdoba estaba dividido en dos
amplias partes: la Almedina y la Ajerquía, ambas
encerradas en fortificaciones independientes y separadas
por un muro divisorio, del que aún puede admirarse
recia muestra a lo largo de la calle de la Feria o de
San Fernando. Una y otra parte se comunicaban por angostos
accesos. En la mencionada calle podremos pasar a través
de una de ellas, que tiene de nombre El Portillo.
Son muy interesantes las murallas de Córdoba que se encuentran al sur,
reflejando la serena belleza de sus piedras en las aguas del Guadalquivir, que
discurre ante ellas. Desde sus torres, de fácil acceso, el visitante puede
contemplar la secular estampa del famoso puente romano, que en su tiempo formó
parte de la gran vía Augusta, y los viejos molinos del río, entre
los que destaca el denominado de la Albolafia, situado junto al murallón
ribereño como macizo soporte de la formidable noria que recogía
el agua para el riego de los jardines del Alcázar.
Las murallas desaparecen entre las construcciones del
barrio del Alcázar Viejo; pero vuelven a salir
a la luz, en el arranque del Campo Santo de los Mártires,
para ofrecernos una atrayente contemplación de
piedra, vegetación y agua en increíble
armonización arquitectónica, en el lugar
llamado Calle de la Muralla.
La mayor parte de las puertas de las murallas fueron destruídas con
el paso de los siglos y de ellas sólo quedan los nombres; pero todavía
podemos admirar la denominada Puerta de Sevilla, con dos arcos iguales, cuya primitiva
construcción se remonta al siglo X; la de Almodóvar, adintelada
con arco de herradura, enmarcada entre dos soberbios torreones, y la Puerta del
Puente, realizada por Hernán Ruiz en 1571, plenamente renacentista, mostrando
sus estriadas columnas dóricas y construida sobre el emplazamiento que
antes tuvo una antigua puerta romana, a la que los árabes llamaron Puerta
de la Figura, por la que tenía tallada sobre su arco.

PUENTE ROMANO
El puente romano de Córdoba fue construido en tiempos de l emperador
Augusto; pero en el transcurso de sus veinte siglos de existencia ha sido escenario
de tantas batallas y revoluciones que, realmente, de la construcción original
sólo quedan los sillares y tal vez alguno de sus arcos, ya que por razones
militares principalmente, fueron alternativamente destruidos y reconstruidos.
El puente se erigió con dieciséis arcos,
soportados por estribos que defienden tajamares de medio
cilindro coronados por medios conos. Ha sido objeto de
múltiples reformas y, en le primer tercio de este
siglo, coincidente con una de ellas, parte de su aparejo
musulmán -a soga y tizón- , perfectamente
identificable, fue cubierto y revestido de cemento, habiéndosele
restado parte de su singular belleza arqueológica.
En el año 1651 se colocó hacia la mitad del puente y sobre uno
de sus barandales de piedra, una imagen del Arcángel San Rafael, obra del
escultor Bernabé Gómez del Río.
La última rectificación se le ha hecho en fecha muy próxima
-año 1965- , adicionándole una arcada, junto al extremo que descansa
en la margen izquierda del Guadalquivir, para contrarrestar la fuerza del agua
del río junto a la cimentación de la fortaleza erigida junto al
mencionado extremo del puente y que se llama La Calahorra.


TORRE DE LA CALAHORRA
La
Calahorra tiene su planta en forma de cruz, de cuyos
tres brazos arrancan tres torres con almenas, unidas
por cuerpos de la misma altura, situados entre los de
las torres cuadragunlares, y sus muros ostentan las armas
reales de Castilla.
El edificio se conserva actualmente -con ligerísimas modificaciones-
tal como fue alzado y realizado en 1369, por orden del rey Enrique II, sobre una
fortificación de los musulmanes. Dicho monarca lo llevó a cabo para
refuerzo de la defensa de la ciudad, decidida partidaria suya, en su larga contienda
con su hermano, el rey don Pedro el Cruel, cuyos ejércitos y los de sus
aliados musulmanes, fueron vencidos por los cordobeses en la batalla del Campo
de la Verdad, lugar inmediato a la fortaleza.
En las estancias de La Calahorra ha sido instalado
el Museo Histórico de la Ciudad.

TORRE DE LA MALMUERTA
En el centro del ángulo noroeste de la plaza Colón existe una
vieja torre ochavada, totalmente maciza hasta la altura del arco, y a la que,
hace muchos años , estuvo adosada la muralla de la ciudad. Esta torre se
llama de la Malmuerta.
El interior de la torre nos muestra una sola estancia
octogonal, comunicada al exterior por delgadas saeteras,
primorosamente labradas de sillares y rematada por una
cúpula de media naranja. De dicha estancia parte
un estrecho acceso a una segunda escalera, conducente
a la plataforma alta, desde la que se divisa un interesantísimo
panorama de Córdoba. Debajo del arco hay lápidas
con inscripciones notificadoras de que la Torre de la
Malmuerta se construyó entre 1406 y 1408, por
orden de don Enrique III de Castilla. Fue, por consiguiente,
realizada en época de cristianos; pero la gracia
exterior que poseen las almenas y el cinturón
de lacería labrada donde se apoyan, revelan las
exquisiteces del arte mudéjar, lo cual no es extraño,
porque fueron obreros mosaicos los que trabajaron en
la construcción de la hermosa torre.
Nos refiere la leyenda que el nombre de Malmuerta le viene de que un caballero
ascendiente de los marqueses Villaseca, mató a su mujer juzgándola
culpable de adulterio, sin que éste estuviera probado, y que al darse cuenta
de la injusticia que había cometido, arrepentido, suplicó su perdón
al rey, siendo condenado a levantar esta torre expiatoria, en recuerdo de la noble
dama que, por sucumbir sin culpa, había sido mal muerta.
La tradición popular liga la leyenda de la torre
con el histórico asunto de Los Comendadores; que
fue la brutal venganza que tomó de su honor conyugal
el Veinticuatro de Córdoba, Fernán Alfonso,
al matar a su esposa adúltera, así como
a sus dos parientes: el comendador de Cabeza del Buey,
y el del Moral, ambos caballeros de la Orden de Calatrava.
La poesía del pueblo deformó los hechos
al recogerlos, lo que no fue obstáculo para que
Antón de Montoro hiciera exposición del
tema en unas octavas de arte mayor; pero su divulgación
máxima se debió a una canción anónima,
compuesta a poco de la tragedia. El jurado de Córdoba,
Juan Rufo, recogió el suceso en un largo romance
y, finalmente, Lope de Vega, se basó en el poema
de Juan Rufo para escribir su gran tragedia Los Comendadores
de Córdoba.
Toda esta gloriosa aportación histórica,
legendaria y poética, ha quedado enlazada para
siempre con la Torre de la Malmuerta.

ARCO DEL TRIUNFO
Una
vez contemplada la perspectiva de la ciudad, se desanda el camino por el puente
romano, desde donde se divisan, en el cauce del río, vestigios de los molinos
árabes. Entre ellos, destaca el molino de la Albolafia, distinguible por
una noria monumental que figuró en el antiguo sello de la ciudad. Al final
del viaducto se encuentra la Puerta del Puente, diseñada por el arquitecto
Juan Herrera. Esta puerta, que es la más airosa de la ciudad, fue construido
en el año 1571, con sillares almohadillados; sus columnas exentas, que
imitan el orden dórico, sustentan una cornisa y un ático rematado
por un frontón semicircular, en el cual se observa un relieve con el escudo
de Castilla sostenido por dos guerreros de la época. En la parte superior
del intercolumnio, hay dos relieves de Torrigiano y una cartela que recuerda su
inauguración por el monarca Felipe II. Hoy no conserva toda su esbeltez,
pues el basamento está hundido bajo el nivel de la calzada que lo circunda.
Debido a la reforma que se realizó a principios de este siglo, cambió
su aspecto de puerta por el de un arco de triunfo.

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