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MEDINA AZAHARA, UNO DE LOS CONJUNTOS ARQUEOLÓGICOS MÁS IMPORTANTES DEL PAÍS

Más que un palacio, es un complejo urbanístico que responde al concepto de ciudad-palacio, repetido después en la Alhambra, con funciones múltiples y residencia palaciega al mismo tiempo

A la falda de la sierra cordobesa, a 8 kilómetros de Córdoba, se encuentra uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de España, Medina Azahara, donde el omeya Abd-al-Rahman III comenzó a construir en el año 325 de la Hégira (936 d.C.) una ciudad palacio (al-Madinat az Zahrá o ciudad brillante) que podía albergar hasta 12.000 personas. Su construcción duró 25 años y para ella se emplearon los más valiosos materiales, como mármoles, ébano, marfil y piedras preciosas. De sus edificios destacan la Casa del Ejército y el Salón Rico, en los que se conservan restos de capiteles, zócalos y mármoles de excelente calidad.

Contando tan solo 64 años, fue destruida y saqueada por los bereberes, pero, en 1236, al ser Córdoba conquistada por Fernando 111 El Santo, los materiales de sus ruinas sirvieron para construir palacios, iglesias y conventos. La ciudad tiene planta rectangular y está construida mediante terrazas escalonadas, separadas por muros muy amplios. El visitante puede hacerse una idea de su grandiosidad al pasear por sus patios, en los que se conservan restos de pinturas, zócalos y losas, fragmentos de columnas, trozos de fustes, basas y capiteles de mármol blanco muy trabajados.

En realidad, más que un palacio, es un complejo urbanístico que responde al concepto de ciudad-palacio, repetido después en La Alhambra, con funciones múltiples, residencia palaciega al mismo tiempo que centro de todo el aparato administrativo del Estado. Su origen hay que buscarlo en la tradición del Oriente Medio (Persia) y Bizancio.

SU DESTRUCCIÓN

Destruido por entero en el siglo XI, son numerosos los testimonios escritos que exaltaban las riquezas de sus salones, algunos de los cuales hoy se van rescatando por las excavaciones e intentos de restauración. En su construcción, que duró cuarenta años, participaron más de 10.000 obreros y se levantaron más de 4.000 columnas. Un acueducto de más de 15 kilómetros abastecía de agua al conjunto. La disposición de la ciudad era lo más singular de Medina Azahara, rodeada de murallas, estaba estructurada en terrazas, cada una de las cuales acogía

distintas dependencias: la inferior estaba dedicada a la servidumbre y en ella se encontraban las caballerizas, albergues para la tropa, etcétera. La terraza intermedia estaba ocupada fundamentalmente por frondosos jardines.

La superior era en la que se encontraba el palacio y las dependencias administrativas y casas de los altos funcionarios, el Salón Rico, el Salón Regio, también llamado de los Visires, así como un pabellón de tres naves y otro gran salón formado por cinco naves. En los restos de ellos se aprecia la riqueza de estucos y mármoles labrados que decoraban sus paredes, así como las columnas, capiteles y arcos que son similares a los de la mezquita cordobesa. Medina Azahara formó un conjunto tan majestuoso que llegó a igualar en fama a la Constantinopla de su época.

E1 profesor Sánchez Albornoz en su obra La España musulmana hace una magnífica descripción del mismo, dice el historiador: "Otra de las maravillas de Al-Zahara era el salón llamado de los Califas, cuyo tejado era de oro y de bloques de mármol de variados colores, sólidos pero transparentes, y cuyas paredes eran de los mismos materiales... Había en el centro del mismo un gran pilón lleno de mercurio. Daban entrada al salón ocho puertas de cada lado, adornadas con oro y ébano, que descansaban sobre pilares de mármoles variados y cristal transparente. Cuando el sol penetraba en la sala a través de estas puertas y reflejaba en las paredes y el techo, era tal su fuerza que cegaba. Y cuando Alnasir quería asombrar a alguno de sus cortesanos le bastaba hacer una seña a uno de sus esclavos para poner en movimiento el mercurio, e inmediatamente parecía que toda la habitación estaba atravesada por razón de la luz y la asamblea empezaba a temblar... Y era el movimiento del mercurio el que hacía creer que la habitación estaba continuamente moviéndose o que giraba al rededor de un poste como si siguiera el movimiento del Sol". En el proceso de desaparición del Califato de Córdoba, la ciudad regia fue abandonada y sometida a destrozos, primero de los enemigos de Almanzor y posteriormente por el fanatismo purista de los almorávides, que, contrarios a todo lujo y ostentación, por motivos religiosos, la ciudad fue saqueada y destruida quedando como un solar del que se aprovechó la piedra para la construcción de múltiples edificios de toda Andalucía.

UNA CIUDAD MUY POPULOSA EN SU ÉPOCA

Un viento suave se desliza entre los almendros, estremece sus ramas y acaricia levemente las florecillas rosadas que se desprenden y caen sobre la tierra. Una vez más, el Yebél Alarús se viste de gala y nos trae a la memoria una hermosa historia de amor.

Aconteció durante los últimos años del siglo X, cuando Córdoba se llamaba Qurtuba y Abderramán III era el primer califa Omeya independiente de Bagdad.

Era esta una ciudad populosa donde convivían gentes de todas las razas y religiones. A ella acudían sabios, alarifes, poetas y músicos de todos los rincones del mundo. Florecían las artes, progresaban las ciencias, se mezclaba lo autóctono con las nuevas influencias recibidas del exterior. Todo lo asimilaba y lo hacía suyo.

Era Abderramán un califa audaz, enérgico y valeroso. Su constancia y talento político hicieron posible la unidad y pacificación de Al-Andalus. Consiguió imponer respeto a los cristianos del Norte y acometió con arrogancia la reorganización de su autoridad soberana.

Para agasajar al califa solicitando su protección o agradeciendo su ayuda, los monarcas de otras tierras enviaban fabulosos regalos: extrañas obras de arte, piedras preciosas, libros de incalculable valor y hermosas esclavas. Azahara fue una de ellas. Abderramán hizo venir desde Bagdad y Constantinopla a los geómetras y alarifes más prestigiosos de la época y los artesanos cordobeses tallaron la piedra.

 

 
 
 
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