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Si
ríos de tinta han hecho correr las figuras del Gran Capitán y del
Inca Garcilaso, no menos han protagonizado sus vinos, porque "en Montilla,
se mire por donde se mire, no se ven más que vides alineadas, limpias,
lozanas, trabajadas con las cinco labores: arada, bina, rebina, despampanado y
poda, que dichas así parecen un acertijo", escribe Cela, cuyo vagabundo
experimentó en toda regla la maravilla de sus caldos, que probó
en una bodega y a quien "el primer vino puso alegrote; el segundo barbirrojete;
el tercero pintón, y el cuarto alimandrón..."
Imposible
recoger una a una las frases que los autores de todos los tiempos les dedican.
Poemas extensos como los de Jacobo Meléndez en Pasión del arraigado,
Julio Valdelamar, que resume las cualidades del "clásico Montilla/
que surge de los campos de mi patria..."; Cristóbal Romero, que se
refiere a ellos en dos poemas "Semblanza" y "Cortijo andaluz";
los celebra Julio Merino en "Las cuatro columnas de Córdoba";
sus cualidades son insistentemente enumeradas por Cristóbal de Castro en
"Fijita, la muchacha en flor", y por González Anaya en "Los
naranjos de la Mezquita"; Enrique Redel, Blanco Belmonte, Ángel Avilés
en "Cantores": "Todos los males se curan/ todas las penas se quitan/
bebiendo de cuando en cuando/ un vasito de Montilla"; Ramírez de Arellano,
que en los "Romances" considera imprescindible llevar a la Romería
de San Álvaro "una bota de a cuartilla/ que aunque todo vuelva intacto/
ella ha de tornar vacía/ demostrando en los semblantes/ que los humos del
Montilla/ suelen dar más coloretes/ que las pinturas más finas..."
Pérez
Galdós los cataloga como "bebida de los más selectas"
en dos de sus episodios, "Bailén" y "Cádiz"
donde reconoce no tener "un momento de sosiego los vasos, llenos con la mejor
sangre de las cepas de Montilla, Jerez y Sanlúcar". Y Juan Soca dedica
a otro montillano, Pepe Cobos, su poema "Flores a la vendimia montillana",
llamando al "dulce fruto que las viñas dora", "sangre de
Cristo, sol de Andalucía". Pío Baroja en su novela cordobesa
"La feria de los discretos" le dedica constantes alabanzas. Quintín,
ante una apetitosa comida, exclama: "!Qué vino, madre! De éste
no bebíamos en el colegio". De vuelta a la Romería de la Candelaria
se le ofrecen a los Remedios unos bollitos y dos medios de Montilla, que acepta
sin vacilar.
En
torno al Montilla cuenta Valle-Inclán que hacen las revoluciones individuos
como" Paco Leiva y otros cuanto que se reúnen a jugar al julepe y
a beber montilla en los altos de la Perla". El sacerdote amontillado -siempre
según Valle-Inclán- preside las tertulias cursis de las jóvenes
casaderas y es solicitado por el personaje marginado de "Mariquilla barre,
barre" la novela más iznajeña de Cristóbal de Castro;
el personaje pregunte: "¿No habrá por ahí siquiá
dos deos de Montiya, manque juese del de Lusena?". Y los poetas de "Cántico",
nacidos al amor de una tertulia de taberna, brindad sus versos, "a los templos
montillanos del vino", com Juan Bernier; reúnen a sus amigos bajo
el lema "vino y poesía" "mientras se vacía las garrafas
de Montilla y veinte poetas de España conversan amigablemente", según
recoge Pablo García Baena en "Lectivo" al recordar la visita
a Córdoba de Adriano del Valle, mientras Ricardo Molina solicita de su
interlocutor "Dejar que tal copa/ de tu claro Montilla/ sorbo a sorbo, la
sombra/ que soy, leve, te diga..."
Y si celebrado es su vino, no por ello debe echarse al olvido el cultivo del arte
reposteril, recordado también por Ricardo Molina: "No contenta con
tener los mejores vinos de España, se propuso y consiguió fabricar
los mejores alfajores".
Montilla,
es considerada, entre otras muchas cosas, lugar cervantino por excelencia. Sirvió
de etapa y descanso al pícaro Estebanillo González en su rápido
peregrinar por Andalucía de las tretas de sus mujeres sale huyendo, lo
que no coge de sorpresa al lector que conozca el pasaje de "El coloquio de
los perros" donde Cervantes pone en boca de Berganza "una cierta historia
que me pasó con una grande hechicera, discípula de la camacha, de
Montilla" a quien más adelante se va a invocar como protectora: "Volved,
hijo de Gavilán, y con gentil habilidad y destreza deshaced los saltos
que habéis hecho; pero ha de ser a devoción de la famosa hechicera
que dicen que hubo en este lugar". Apenas hubo dicho esto, cuando alzó
la voz la hospitalera, que era una vieja, al parecer, de más de setenta
años, diciendo: "!Bellaco, charlatán, embaidor y hijo de puta,
aquí no hay hechicera alguna! Si lo decís por la Camacha, y a ella
pagó su pecado, y está donde Dios sabe; si lo decís por mí,
chocarrero..." Esas Camachas protagonizan como celestinas parte de unos de
los capítulos relatados en los "Casos notables de la ciudad de Córdoba",
el titulado "Síguese otro caso harto extraño que le sucedió
a Don Alonso de Aguilar". Pícaros y gente de mal vivir: "De boníssima
gana fuera mudo/ si Dios me hiciera dueño de Montilla", canta M. Colodrero
de Villalobos en "Varias rimas" , al referir la solicitud nada honesta
de que fue objeto por parte de un tal Menguilla. !Qué atmósfera
tan opuesta a la sugerida por Ricardo Molina en cuatro escuetos versos!: "En
Montilla guían/ lampazos en flor/ que atesoran grises/ semillas de amor".
Abundantes
hasta el extremo son también las alusiones a su prosapia histórica
- y no es momento de entrar en lo acertado o erróneo de los asertos correspondientes-.
Desde su vuelo planeador explica el Diablo Cojuelo cómo "fue habitación
de los heroicos marqueses de Priego, Córdovas y Aguilares, de cuya gran
casa salió, para honra de España, el que mereció llamarse
Gran Capitán por antonomasia..." A la destrucción de su fortaleza
y persecución de parientes y amigos alude Juan Valera en "El cautivo
de Doña Mencía".
Y Salvador González Anaya, tras hacer pinitos de etimologista -"Montilla
(...) la Munda bética, Mondelia de los árabes, que es la patria
del Gran Capitán".- prefiere la paternidad vinícola a la histórica:
"Y del vino (...) cuya fama la encumbra por encima del soldadote. Montilla
es ilustre en el mundo más que por Gonzalo de Córdoba por el néctar
que dan las uvan que se cultivan en su ruedo. Suum cuique..." A
pesar de esta opinión, otros autores alaban sin cortapisas la fama del
personaje; baste una escueta relación para que nos hagamos una somera idea:
Cadalso le llama "vasallo envidiable" en sus "Cartas marruecas",
Fernández Ruano le dedica una oda y lo evoca en "A los héroes
del Dos de Mayo";Ramírez de Arellano, un romance; y Manuel J. Quintana,
un poema extenso. Al mundo de la historiografía pertenecen las "Crónicas
del Gran Capitán", escritas por Antonio Rodríguez Villa. Y
por lo que hace a citas más o menos extensas, con alusión tanto
a su cuna como a sus hazañas, baste con citar a Góngora, Marquina,
Rubén Darío en "Tierra solares", Alcalde Valladares y
el barón de Fuente Quinto, en una "Corona poética"; y
otros muchos.
Incluso a la estatua del Gran Capitán se dirigen los versos de los poetas:
"En las Tendillas, le calzas/ al Gran Capitán la espuela", dice
R. Laffón.
Juan de Arquijo recoge en uno de sus cuentos el equívoco que sucedió
a un pescador con un predicador jesuita; los viajeros Antonio Ponz y Richard Ford
hablan de Montilla en sus respectivos itirenarios...
Historia,
literatura, vino, emblemas de Montilla, son los números que animan la pluma
de otro de sus insignes eruditos: José Cobos; literatura cuando admira
la fecundidad e instrucción del barroco Miguel de Barrios y su "Coro
de las musas", rabino en una sinagoga de Amsterdam, que jugó a ser
cristiano y judío"; historia en la rememoración de la casa
de Juan de Ávila "guía y maestro de santos", donde "un
poco de cal y el rojo del ladrillo del suelo hacen el milagro de ofrecer un raro
espectáculo de una casa antigua en toda su autenticidad"; historia
y literatura igualmente en los artículos, libros y obra teatral protagonizados
por San Francisco Solano, el santo montillano por antonomasia; arrebato báquico
cuando " en septiembre (...) estalla en Montilla la alegría de la
vendimia";
Arrebato lírico en "El vino de la verdad", donde José
Cobos y Ricardo Molina explican porqué "el hombre de Córdoba
y de Montilla, el hombre de nuestra tierra, suele ser un bebedor comedido aun
en el exceso, reposado y un tanto dado a la especulación filosófica";
literatura en su fascinación por Cervantes y las Camachas...
Centenares de citas para un gran pueblo; la literatura ha sido pródiga
con él y con sus hombres; suplan las referencias que aquí faltan
las muchas que estarán presentes en la memoria de los montillanos.
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