Las tierras montillanas estuvieron ocupadas por el hombre desde los comienzos
del Paleolítico Inferior. Montilla es uno de los escasos puntos geográficos
cordobeses fuera de la Subbética donde se han documentado las industrias
elaboradas por los últimos predadores, el Epipaleolítico. El yacimiento
de Fuente del Pez ha proporcionado un interesante lote de piezas, prácticamente
todas ellas microlíticas cosa poco frecuente en Andalucía. A un
momento del Calcolítico Pleno se atribuyen ciertos materiales muy entroncados
con el ambiente del vaso campaniforme, a cuyo círculo se añaden
otros descubrimientos, quedando así Montilla dentro de ese círculo
campiñés que comprende otros hallazgos de la misma adjudicación,
como los de La Rambla, Santaella, Montemayor y Montalban.
A un momento del Calcolítico Pleno se atribuyen ciertos materiales muy
entroncados con el ambiente del vaso campaniforme, a cuyo círculo se añaden
otros descubrimientos, quedando así Montilla dentro de ese círculo
campiñés que comprende otros hallazgos de la misma adjudicación,
como los de La Rambla, Santaella, Montemayor y Montalbán.
EDAD
ANTIGUA
Aunque la presencia prerromana puede testimoniarse para
la zona de Montilla, los restos encontrados no han sido muy abundantes, por lo
que no existe constancia de una ciudad hispano-romana en este lugar. Sin embargo,
la presencia de vestigios arqueológicos y de una epigrafía principalmente
funeraria, así como la importancia histórica que Montilla adquirió
con el paso del tiempo, han animado a muchos a buscar una relación entre
la ciudad y algún núcleo hispano-romano. Los datos topográficos
han sido también el principal argumento esgrimido para ubicar Munda en
Montilla, basándose en el testimonio del Bellum Hispaniense que nos habla
de una llanura de unas cinco millas flanqueada por una elevación del terreno
y por un riachuelo que corría a la derecha, a través de un suelo
pantanoso. Ese lugar ha sido identificado con los Llanos de Vanda, junto a Montilla.
En el estado actual de la investigación, no podemos ubicar ninguna ciudad
antigua en el territorio de Montilla, aunque su proximidad a la vía de
Corduba a Malaca (que pasaba por la actual estación de ferrocarril) v la
presencia de otra vía secundaria, que posiblemente conducía a una
villa, son testimonios de que el lugar estaba habitado y de que en él se
procedería a una intensa actividad agrícola.
EDAD
MEDIA
Muy
poco o nada se conoce de Montilla, incluyendo su propio origen, en las primeras
centurias medievales. Solamente sabemos que su actual territorio se incluía
en época musulmana dentro del término de Poley que pertenecía
a la cora de Cabra, si bien él, concretamente donde se hallaba la qarya
o alquería Jalata (actual cortijo Jarata), al sur de Montemayor, formaba
parte del iqlim o distrito Uliyat Qanbaniya de la cora de Córdoba.
Esta escasez de datos se prolonga también para los primeros años
de la época bajomedieval, una vez que estas tierras fueron incorporadas
a la corona castellano-leonesa durante la segunda estancia de Fernando III en
Córdoba. Más tarde, pasarían a depender de Gonzalo Yáñez
Dovinal, a quien Alfonso X le concedió en señorío la villa
y castillo de Aguilar con todo su término, dentro del cual se encontraba
el territorio de Montilla. Permanecerá bajo la jurisdicción del
antiguo linaje de la Casa de Aguilar hasta su extinción, en 1343. Posteriormente,
la titularidad de sus tierras cambiará en varias ocasiones hasta llegar
a manos de Gonzalo Fernández de Córdoba
"El Gran Capitán", en 1375, que la recibió a cambio
de diversos bienes en Guadalcázar.
Es
a partir del segundo tercio del siglo XIV cuando nos aparecen las primeras noticias
sobre la villa y castillo de Montilla.
La más antigua es de 1333, y hace referencia por primera vez a la existencia
del castillo y a su nombre, aunque no será hasta 1371 cuando posea término
municipal independiente respecto al de Aguilar y obtener la población el
título de villa. Su poblamiento sigue reforzándose y su término
se irá configurando a lo largo del siglo XV mediante pleitos por los límites
con los concejos colindantes. Este período de su historia, convertirá
a Montilla en el centro del señorío de Aguilar, suplantando incluso
a ésta, y la preparará para su desarrollo económico del siglo
XVI.
Una gran parte del término montillano, como se recoge
en el Libro de la montería de Alfonso XI, no era productivo a mediados
del siglo XIV. Sin embargo, en la segunda mitad de la centuria siguiente el panorama
había variado, cultivándose en sus tierras cereales, olivo y vid,
principalmente, así como lino y productos hortícolas. Experimenta
un importante crecimiento demográfico en la segunda mitad del siglo XV.
Era uno de los llamados pueblos-fortaleza de la Campiña de Córdoba
en las que destacaba el propio castillo, cuyo origen puede remontarse a épocas
anteriores a la Baja Edad Media y del que apenas se conservan restos, ya que fue
demolido por orden del rey don Fernando en 1508 como ejemplar castigo impuesto
a don Pedro Fernández de Córdoba II.
EDAD
MODERNA
Durante
la Edad Moderna Montilla reproduce a nivel local el devenir histórico ya
clásico de las sociedades preindustriales (empuje en el XVI, retroceso
en el XVII y recuperación en el XVIII). El siglo XVI se abre con un crecimiento
demográfico sostenido desde el final del XV y continuado por lo menos hasta
la década de los setenta. Este factor y el auge económico de la
primera mitad de siglo influyen en dos hechos: el primero, la ampliación
del perímetro urbano, con la importante remodelación arquitectónica
de la parroquia de Santiago;
el segundo, la fundación de la práctica totalidad de las instituciones
conventuales.
Sin
embargo, las continuas necesidades económicas de la monarquía hispánica
agravan la ya débil hacienda municipal, que responderá con una excesiva
presión fiscal. La transición al XVII está presidida por
el punto de inflexión de la expansión anterior pero, aunque Montilla
sufrió dicha recesión frenando así su línea ascendente,
fue una de las poblaciones cordobesas menos afectadas. El XVII se asocia con un
perfil de estancamiento y regresión por la sucesión de varias crisis
que se adentran incluso en el XVIII cuyo desarrollo es bastante similar en todos
los casos: epidemia de peste u otras enfermedades que preceden o coinciden con
la depresión económica.
A nivel social, el siglo XVII contempla la expulsión de los moriscos
pese a los infructuosos intentos del marqués por impedirla.
Todas estas dificultades colectivas no frenaron el vigor religioso de la ciudad
sino que se intensificó, como evidencian la fundación del hospital
de San Juan de Dios, el afianzamiento de la devoción popular al Cristo
de la Yedra o a Nuestra Señora de los Remedios, el reconocimiento público
del patronazgo de San Francisco y el voto de adhesión a la Purísima
Concepción. El siglo XVIII se inicia con una recuperación demográfica
alentadora pero no espectacular. Tampoco se registran modificaciones sustanciales
en la estructura social encabezada por los marqueses de Priego (desde 1711 duques
de Medinaceli), seguidos por un escaso número de privilegiados.